06/04/2022 - www.LasCabezasDigital.es
Mensaje cuaresmal de D. Marco Antonio Fernández Rodríguez, párroco de San Juan Bautista y San Roque de Las Cabezas de San Juan.
Queridos hermanos:
Cada año nos ponemos en camino después de una parada necesaria y obligatoria para meditar la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, y cuando levantamos de nuevo la mirada, parece como si casi nos alcanzara la sobra de la cruz a la que nos invita a entrar cada año la cuaresma.
Llevamos dos años que nadie hubiera imaginado ni en la peor de las pesadillas -en cuanto a la situación pandémica en la que seguimos inmersos- un panorama frío e incluso por qué no decirlo, hasta desalentador; pero sin embargo, la vocación cristiana nos hace tomar clara conciencia que nuestra fe, aunque se vea afectada, no se apaga por no poder celebrarla externamente como venimos haciendo desde hace siglos, sino que ha despertado en nuestros corazones, la clara conciencia de que el Señor está detrás de todo acontecimiento.
Esta nueva cuaresma que se avecina, hemos de hacer el esfuerzo por pedir al Señor que nos conceda poder sentirle cerca, muy cerca, para que si por fin pudiéramos salir a las calles de nuestro pueblo con nuestro Sagrados Titulares, no nos limitemos a realizar un acto externo para que lo viva quien pueda o sepa, sino que sea un acto en el que realmente, los que nos contemplen se sientan interpelados por la expresión de amor que en la Semana Mayor de nuestro calendario, con las imágenes del Señor y de la Santísima Virgen María, podamos mostrar a los demás hasta dónde y de qué manera nos ama el Señor a cada uno de nosotros.
Cofrade y hermano en la fe. Te encomiendo de veras en la oración para que te hagas el planteamiento de acercarte a compartir los sentimientos del Señor en estos días. Piensa no solo aquello que hizo, sino lo que hace por ti, pues sin que le pidas nada se queda encerrado en el Sagrario para que, cuando le necesites, puedas acudir a él, que estará esperando con un amor inmenso y con ardiente caridad.
Si antes decíamos que nuestras prácticas de piedad debieran ser motivos de interpelación, flaco favor le haríamos a los demás, si cuando el Señor suscita ardor en sus corazones no sabemos cómo responder. Por ello debemos hacernos el planteamiento de asumir muy sinceramente los compromisos que en la oración cada uno va descubriendo; empezando como es lógico por la base de la Misa Dominical y aprovechar los medios de formación que tenemos a nuestro alcance, de modo que cuando alguien se nos acerque, no contemple a un creyente tildado de escepticismo, sino un convencido enamorado de la gracia que Dios le quiere regalar.
Como en todo mensaje, partimos de la lógica de contemplar el emisor (Cristo que nos quiere santos e irreprochables en la caridad) y el receptor (que somos cada uno de los seres humanos que han pisado, pisan o pisarán este mundo). Para que el mensaje de plenitud que Jesús nos lanza pueda ser una realidad plausible, hemos de quitar los posibles tropiezos que aparecen en nuestra vida de forma constante y muchas veces hasta sin comprender por qué Dios los permite.
Estas interferencias pueden ser externas, internas o un poco de ambas, pero sin embargo, tienen un elemento en común y de fácil solución: por un lado nos quitan la paz; por otro tan solo debemos ser sencillos y confiados, dejando que el Señor en la confesión nos cambie el corazón de piedra , con el que tantas veces nos insensibilizamos ante las dificultades de los demás o el sufrimiento ajeno; así como permitir que Dios nos conceda un corazón renovado con el que podamos cumplir con el mandamiento nuevo de amarnos unos a otros como él nos amó .
La santidad es la meta que quiere hacer el Señor constantemente en nosotros. Palabra muy fácil de decir, pero tan delicada y cercana, que nos puede costar toda una vida ponerla en práctica. Piensa que desde toda la eternidad Dios ha pensado en esa santidad para tu vida, por pequeña o sencilla que ésta te parezca, pues ha sido merecedora por la misericordia de Dios, de la Sangre derramada del Señor en la Cruz.
No pongamos excusas para situarnos al alcance de la gracia de Dios. Empecemos la cuaresma con una buena confesión y ya verás cómo las dificultades con las que ya contamos, aunque no desaparezcan, se tornan en una oportunidad de compartir los sufrimientos de Cristo, de modo que ya no son un sentimiento ciego e inútil, sino que se hacen una realidad posible en nuestra vida.
Las puertas de la iglesia las tienes abiertas, no dudes en acercarte pues no eres un extraño que pasa de visita, sino un hijo que viene a la casa de su Padre.
A la protección maternal de la Virgen María, la misma que en Belén nos muestra al Niño en sus brazos y que en la tarde del Viernes Santo nos lo vuelve a mostrar en ese conmovedor acontecimiento kenótico, te encomiendo junto a todos los fieles que el Señor pone en mis manos, para que nos sintamos el pueblo de la heredad de Dios y vivamos conforme a la vocación por la que hemos sido salvados.
Que el Señor te bendiga y ayude a ser testimonio del que ya ha vencido al mundo. Ave María Purísima.
Marco Antonio Fernández Rodríguez, Pbro.
Párroco de las de San Juan Bautista y San Roque
Las Cabezas de San Juan (Sevilla)


















































